La Copa de Asia arrancó en Hong Kong el 1 de septiembre de 1956. Cuatro selecciones, una liguilla sin final y partidos de ochenta minutos en lugar de noventa. El torneo que hoy mueve a medio continente nació con menos participantes de los que caben en cualquier grupo de su fase actual. Se cumplen setenta años.
Sin embargo, de aquellas cuatro selecciones fundadoras, una ya no compite en Asia. No se disolvió, no cambió de nombre ni desapareció de los mapas: fue apartada por votación. Y cuando ocurrió no era una comparsa que rellenara cuadros, sino la campeona continental.
La historia de Israel en el fútbol asiático cabe en cuatro ediciones de Copa de Asia, un Mundial y una tarde de septiembre en Teherán. Es también la respuesta a una pregunta que se sigue haciendo cualquiera que mire hoy el mapa de las confederaciones: por qué Israel juega en Europa y no en Asia. Hoy, en la cápsula del tiempo de Fútbol desde Asia: el 13 de septiembre de 1974.
Una potencia fundadora
El torneo que empezó en Hong Kong. Del 1 al 15 de septiembre de 1956, el Government Stadium acogió a Corea del Sur, Israel, Hong Kong y Vietnam del Sur. No hubo eliminatorias ni partido decisivo: seis encuentros de todos contra todos y una tabla para repartir el título. Los partidos duraban ochenta minutos, una singularidad de la época que hoy sonaría a error de imprenta. Corea del Sur se llevó la primera corona asiática de la historia. Israel acabó segunda.
Cuatro ediciones, cuatro podios. No fue un accidente. En 1960 volvió a terminar subcampeona. En 1964 ganó el torneo. En 1968 fue tercera. Cuatro participaciones y cuatro veces entre los tres primeros: en la primera década de la competición, el combinado israelí no falló nunca.
1964, el título en casa. Anfitriona y campeona, con pleno de victorias y sin conceder un solo tropiezo: 2-0 a Hong Kong, 2-1 a Corea del Sur y 1-0 a India. Yosef Mahalal y Roby Young firmaron dos goles cada uno; Shlomo Levi y Mordechai Spiegler, uno. Tres partidos, tres triunfos, un trofeo que sigue siendo el único de su palmarés continental.
México 70, el techo
El único Mundial. La clasificación llegó en 1969 por la zona Asia/Oceanía, y con ella la única cita mundialista de su historia. En México quedó encuadrada con Uruguay, Italia y Suecia. Empató 1-1 con los suecos, resistió el 0-0 ante la Italia que acabaría jugando la final y cayó 0-2 contra Uruguay. Eliminada en la primera ronda, sí, pero con dos partidos sin perder ante dos selecciones europeas de primer nivel.
El hombre que une las dos historias. Mordechai Spiegler marcó en la Copa de Asia de 1964 y, seis años después, firmó el gol del empate ante Suecia. Aquel tanto sigue siendo el único que Israel ha marcado en un Mundial. El mismo futbolista, las dos cumbres de un país entero.

Mordechai Spiegler, leyenda de Israel. (Foto: ifcj.org)
El cerco
1972: la sede que se queda vacía. Israel tenía la organización de la siguiente Copa de Asia y terminó retirándose. Fue la primera señal de que el problema ya no se resolvía en el campo.
Los que no querían saltar al terreno de juego. En los Juegos Asiáticos de Teherán de 1974, varias delegaciones se negaron a competir contra Israel en tenis, esgrima, baloncesto y fútbol. La lista incluía a los países árabes, Pakistán, China y Corea del Norte. El anfitrión no estaba en ella: Irán sí jugó, y acabaría jugando la final.
El contexto. Los Juegos llegaban a menos de un año de la guerra de octubre de 1973 y del embargo petrolero que vino detrás. El bloque árabe estaba más cohesionado y contaba con más peso internacional del que había tenido nunca, y Kuwait, que sería quien presentase la resolución, era uno de los estados que había convertido ese peso en herramienta política.
Teherán no era un escenario neutral. Irán ejercía de anfitrión y de potencia regional, y aquellos Juegos eran su escaparate ante el continente. Diez meses antes, la Federación de Juegos Asiáticos había expulsado a Taiwán y admitido en su lugar a la República Popular China, que debutaba precisamente allí. El deporte asiático llevaba un año redibujando quién entraba y quién salía. Lo de Israel no fue un episodio suelto: fue el segundo movimiento del mismo tablero.
Teherán, 13 de septiembre de 1974
La votación. Kuwait presentó la resolución para expulsar a Israel de la Confederación Asiática de Fútbol, con el respaldo del bloque árabe. El recuento fue de 17 votos a favor, 13 en contra y 6 abstenciones.
La letra pequeña. Esos 17 votos no alcanzaban la mayoría de dos tercios que exigía el reglamento. Formalmente, la moción de expulsión no salió adelante. Es un matiz que la versión resumida de esta historia suele pasar por alto.

Inauguración Juegos Asiáticos 1974 (Foto: wikipedia.org)
Lo que sí se aprobó. En su lugar quedó una resolución que producía el mismo efecto por otra vía: Israel no podría organizar torneos de la Confederación ni sería invitada a ninguno. Expulsión de hecho sin expulsión de derecho. La federación israelí anunció que apelaría ante la FIFA.
Dos días después. El 15 de septiembre se disputó la final del torneo de fútbol de los Juegos, y la disputaron precisamente el anfitrión de la votación y el país al que se acababa de señalar. Irán se colgó el oro, Israel la plata y Malasia el bronce. Fue el último partido importante de aquella selección en el continente que había ayudado a fundar.
Veinte años sin continente
El limbo. Sin confederación, sin torneo continental y sin vía ordinaria de clasificación, Israel pasó a jugar sus eliminatorias donde le dejaron. Un equipo de primer nivel regional convertido en huésped errante.
La escala en Oceanía. Entre 1985 y 1989 compitió dentro de la OFC. Superó su fase clasificatoria camino de Italia 90 y se quedó en la repesca ante Colombia. Fue lo más cerca que estuvo de volver a un Mundial.
El destino europeo. Sus clubes entraron en las competiciones de la UEFA en 1991. En 1994 llegó la membresía plena. Veinte años exactos después de haber salido de Asia.
Setenta años después de aquel torneo de Hong Kong, tres de las cuatro selecciones que fundaron la Copa de Asia siguen compitiendo en el continente. La cuarta juega en Europa.
Su única corona asiática, la de 1964, no se la quitó nadie en el campo. Se la quedó en propiedad un equipo al que Asia dejó de invitar.
Foto de portada: jta.org
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