Chollima Mundial 1966

El vuelo «Chollima»

User avatar placeholder
Written by Dani González

26/06/2026

En la memoria general del fútbol del siglo XX, la Copa del Mundo de Inglaterra 1966 se recuerda por el polémico gol fantasma de Geoff Hurst en la final de Wembley, el juego físico de los locales o la consagración mundial de la Portugal de Eusébio.

Sin embargo, para los auténticos amantes del fútbol underground, 1966 representa el año del mayor seísmo jamás registrado en el torneo. Un terremoto provocado por un grupo de futbolistas desconocidos que vestían de rojo, corrían a velocidades inasumibles para la época y procedían de un país hermético y devastado por la guerra una década antes: Corea del Norte.

Cuando la delegación asiática llegó al gris y portuario paisaje de Middlesbrough, en el noreste de Inglaterra, nadie daba un duro por ellos. Encuadrados en el Grupo 4 junto a la Unión Soviética, Chile y la todopoderosa Italia, los norcoreanos eran considerados meros figurantes de un guion escrito por las potencias tradicionales. Lo que los despachos de la FIFA no supieron calibrar fue el factor Chollima, el mítico caballo alado de la mitología coreana que viaja a velocidades imposibles, un concepto que el seleccionador Myung Rye-hyun había inyectado en sus hombres mediante un régimen de entrenamiento de disciplina militar.

El nacimiento del “Efecto Middlesbrough”

El debut contra la URSS confirmó los peores augurios: un duro correctivo por 3-0 donde la diferencia de envergadura física pareció insalvable. Sin embargo, en el segundo encuentro ante Chile, algo cambió en el césped de Ayresome Park. Los norcoreanos, lejos de replegarse, impusieron un ritmo de juego basado en transiciones verticales rapidísimas y un despliegue generoso en la presión que descolocó al conjunto sudamericano. Un gol agónico de Pak Seung-zin en el minuto 88 selló el 1-1 y encendió la mecha de un idilio social irrepetible.

Los habitantes de Middlesbrough, una ciudad obrera y minera, adoptaron a aquellos pequeños futbolistas asiáticos como si fueran propios. Había un componente estético evidente: Corea del Norte vestía con camiseta roja y pantalón blanco, los mismos colores del equipo local, el Middlesbrough FC. Pero, por encima de todo, el público inglés conectó con el espíritu indomable de un equipo que compensaba su falta de centímetros con una resistencia aeróbica que parecía de ciencia ficción para el fútbol europeo de los sesenta.

El día que “el dentista” fusiló a Italia

El 19 de julio de 1966 quedó marcado en letras de oro en la historia de la AFC. Corea del Norte se medía a Italia; a los europeos les bastaba un empate para clasificar, mientras que los asiáticos necesitaban la victoria épica. La Azzurra, plagada de estrellas como Sandro Mazzola o Gianni Rivera, subestimó por completo el despliegue posicional coreano.

En el minuto 34, el capitán italiano Giacomo Bulgarelli se lesionó. En una época donde no existían las sustituciones, Italia se quedó con diez hombres. Solo ocho minutos después, en el 42, llegó el momento culmen: tras un despeje defectuoso de la zaga italiana, Pak Doo-ik cazó un balón en la frontal del área y soltó un derechazo cruzado que batió al guardameta Enrico Albertosi

La prensa británica de la época, en un ejercicio de romanticismo, extendió el mito de que Pak Doo-ik era un modesto dentista local. En realidad, Pak era sargento del ejército norcoreano y profesor de educación física, un atleta de élite sometido a cargas de trabajo físicas extenuantes. El 1-0 final desató la mayor humillación de la historia del fútbol italiano, cuyos jugadores fueron recibidos en el aeropuerto de Génova a tomatazo limpio, y metió a Corea del Norte en los cuartos de final.

25 minutos de locura en Goodison Park

La aventura llegó a su punto álgido en Liverpool ante la Portugal de Eusébio. Lo ocurrido en los primeros 25 minutos de aquel partido de cuartos de final desafía cualquier lógica futbolística. Fieles a su estilo vertical, los Chollimas salieron en tromba y trituraron la pizarra portuguesa con goles de Pak Seung-zin (minuto 1), Li Dong-woon (minuto 22) y Yang Seung-kook (minuto 25). Un 3-0 que puso de rodillas a la favorita de Europa y frotarse los ojos al mundo entero.

Fue entonces cuando emergió la figura colosal de Eusébio. La “Pantera de Mozambique” cargó con su selección a la espalda. Cuatro goles del astro portugués y uno final de José Augusto le dieron la vuelta al marcador en una remontada histórica (5-3). Corea del Norte caía eliminada, pero lo hacía con los honores de quien propone un fútbol valiente, veloz y revolucionario.

Aquella plantilla regresó a Pyongyang convertida en leyenda continental. Demostraron, por primera vez en la era moderna, que el fútbol asiático no solo podía competir en la máxima cita global, sino que era capaz de imponer su propio ritmo y su propia identidad cultural sobre los grandes gigantes de Europa.

Image placeholder

Lorem ipsum amet elit morbi dolor tortor. Vivamus eget mollis nostra ullam corper. Pharetra torquent auctor metus felis nibh velit. Natoque tellus semper taciti nostra. Semper pharetra montes habitant congue integer magnis.

Deja un comentario